
Spanish Flyer: La metamorfosis Flat Track de una Honda CB1000R por Comercial Impala
Honda, al igual que el resto de fabricantes, invierte ingentes cantidades en el desarrollo de cada modelo. Sin embargo, su visión sobre la personalización de motos ha dado un giro de 180º gracias a iniciativas como el Honda Garage Dreams. En este escenario de creatividad nace la Spanish Flyer, la apuesta de Comercial Impala para demostrar que la ingeniería y el arte pueden ir de la mano.

Honda Garage Dreams
Un día, de esto hace ya algunos años, un directivo de la compañía que ya no está en la empresa nos confesaba en una charla privada que “sus motos eran perfectas, y que el que un mecánico cualquiera o un simple aficionado manitas pretendiera mejorarlas era una ofensa para sus departamentos de I+D”.
Afortunadamente, en los últimos tiempos las cosas han cambiado radicalmente, y esa férrea forma de pensar ha dado un giro de 180º. Los del ala dorada han tardado, pero al final se han dado cuenta de que no se pueden poner puertas al campo y que las personalizaciones pueden aportarles en términos de imagen y frescura, mucho más de lo que les restan.
Bajo esta nueva filosofía nació el Honda Garage Dreams: un concurso pensado para que los concesionarios oficiales demuestren de lo que son capaces. El certamen impone reglas estrictas para asegurar la igualdad: todos deben trabajar sobre el mismo modelo y demostrar su creatividad modificándolo con un presupuesto que en esta edición estaba limitado a 3.000 euros.

El nacimiento de una tracker
La elección de Comercial Impala: Pura potencia bruta
Y hablando de creatividad, en el concesionario barcelonés Comercial Impala, no les faltó audacia a la hora de enfrentarse al reto de modificar una Honda CB1000R. Estamos ante una Roadster de 1 litro de cilindrada que se posiciona como una de las mejores motos del mercado y de las preferidas por los amantes de la potencia pura por motivos obvios: su calidad de construcción es excepcional y su propulsor tetracilíndrico en línea, derivado directamente de la mítica Fireblade, genera unos impresionantes 143 CV de serie.
Con un motor que rinde unos impresionantes 143 CV y una parte ciclo a su misma altura, en Comercial Impala apenas tenían margen para hacer mejoras
Tanto el comportamiento del chasis como el funcionamiento de las suspensiones firmadas por Showa están a un nivel tan alto que apenas dejan margen para hacer mejoras técnicas. Esto le da aún más mérito a la poco convencional idea de Impala: convertir esta joya tecnológica de la carretera en una poderosa y ruda máquina de Flat Track.

El espíritu de Comercial Impala y el reto del presupuesto
La fiebre por las Tracker urbanas
Impala no es un taller cualquiera; es un concesionario Honda ON, una insignia reservada exclusivamente a los mejores «dealers» de cada país. Participar en el Honda Garage Dreams era la oportunidad perfecta para reforzar su reputación entre los aficionados españoles. “Cuando nos propusieron personalizar una CB1000R, se nos ocurrieron muchas ideas”, confiesa Enric Ferreres, director comercial de Impala. “La moto es una base increíble, pero con un presupuesto de 3.000 euros, decidimos que lo más factible y honesto era construir una moto de carreras de flat track con solo unos pocos extras bien elegidos”.

Ingeniería y diseño: El renacer de la zaga
El primer paso de la metamorfosis fue estructural. Los mecánicos de Impala desmontaron el subchasis original y lo sustituyeron por uno nuevo, diseñado específicamente para ser más corto, ligero y minimalista. Esta pieza, fabricada en aluminio y cortada a láser por los especialistas de Solid Works, fue diseñada para anclarse a los mismos soportes que el original, evitando así el uso de soldaduras que pudieran comprometer la integridad del chasis.
El nuevo subchasis fabricada en aluminio y cortada a láser por Solid Works va atornillado a la estructura principal
Tras asegurarse de que en este nuevo subchasis quedaba hueco suficiente para reubicar los componentes electrónicos esenciales, lo ocultaron bajo un conjunto de colín y guardabarros trasero de una sola pieza hecho a medida en fibra de vidrio. El diseño, que incluye las clásicas placas portanúmeros laterales, copia fielmente las líneas de las trackers que dominan los óvalos de tierra. Visualmente, el acierto es total: la parte anterior se fabricó de forma que encajara como un guante con las líneas angulosas del depósito original, mientras que el asiento se redujo a una delgada almohadilla que los artesanos de X-Trim tapizaron en piel, permitiendo al piloto una movilidad total en cada derrape.

Minimalismo extremo: La esencia del Dirt Track
Siguiendo la filosofía de la competición en óvalo, el siguiente paso fue simplificar al máximo la instalación eléctrica. En una pista de tierra, todo lo que no sea gas es secundario. Por ello, se desconectaron el control de tracción y el ABS, y se eliminaron el faro, los intermitentes y la consola de instrumentación original.
El lugar que antes ocupaba el faro ahora lo preside una placa portanúmeros con soportes cortados a láser, rematando el look de carreras de la «Spanish Flyer»
El puesto de mando resultante es de una limpieza sobrecogedora. Los manillares de serie dejaron paso a una réplica de aluminio del manillar utilizado por el campeón de Dirt Track Jared Mees, fabricado por el especialista francés Neken. En los extremos de este manillar no encontramos piñas de botones complejas; solo el botón de arranque a la derecha. Sin embargo, no se escatimó en calidad de componentes: se instalaron bombas de freno Brembo y manetas de freno y embrague firmadas por Rizoma. El lugar que antes ocupaba el faro ahora lo preside una placa portanúmeros con soportes cortados a láser, rematando el look de carreras de la «Spanish Flyer».

Mecánica y rendimiento: Desatando a la bestia
Dada la potencia del motor de serie, no era estrictamente necesario realizar modificaciones internas. Sin embargo, para mejorar la respiración y el carácter del tetracilíndrico, en Impala instalaron unos filtros de aire K&N cónicos y un sistema de escape IXS Race 4-en-1. Al suprimir el catalizador y optar por un silencioso extremadamente corto y bajo, se logró un efecto estético fundamental: dejar completamente libre el lado derecho de la llanta trasera, permitiendo que el icónico basculante monobrazo luzca en todo su esplendor.
Para sorpresa del equipo, la centralita original de la Honda CB1000R fue capaz de registrar y gestionar la sustitución de la caja de filtro y el escape sin necesidad de realizar remapeos ni ajustes electrónicos adicionales. A veces, la suerte sonríe a los preparadores y la tecnología de Honda demuestra su capacidad de adaptación.

El acabado final y la prueba de fuego
Para rematar la metamorfosis, se calzaron los neumáticos Pirelli MT60, mucho más orientados a la tierra que los Bridgestone de serie, y se instalaron protectores de horquilla de carbono anclados a los puntos originales del guardabarros. La guinda del pastel es una pintura que respira historia: una combinación de negro profundo con el legendario “Candy Gold” que vestía la abuela de esta saga, la CB750 de finales de los años 60.
La Spanish Flyer no nació para ser la reina de la exposición en Comercial Impala. Su destino era la tierra. Por eso, su prueba de fuego tuvo lugar en una pista de Dirt Track auténtica
El piloto Ferrán Cardús, experto en las disciplinas del Dirt Track y Supermoto, pudo exprimir los más de 150 CV que rinde actualmente esta bestia. En sus manos, la Flyer demostró que la perfección de Honda no está reñida con la pasión más salvaje por el barro y el derrape.

Equilibrio total
El resultado de este proyecto es una Honda que trasciende las transformaciones convencionales. Una reinterpretación en versión Tracker de una de las Naked más salvajes del mercado actual a la que, con un presupuesto muy reducido, en Comercial Impala han dotado de una agresividad y personalidad nunca antes vistas en un modelo de estas características. Esto demuestra, una vez más, que las buenas transformaciones no siempre son cuestión de añadir ceros a un cheque, sino de encontrar un equipo profesional solvente y con ganas de hacer bien su trabajo


























